De entre todos los sirvientes del Abuelo, los Reyesplaga Pútridos son los más devotos. Su dedicación a propagar el Jardín de Nurgle por todo el reino es una obsesión que los consume por completo.
La devota adoración al Señor de la Descomposición ha hecho que sus cuerpos se hinchen hasta convertirse en auténticas montañas de carne. Tan colosales son que cualquier intento de cortarlos o golpearlos es recibido con un coro de risas burlonas. Devuelven la gentileza con armas cubiertas de óxido y mugre, mientras la bendición de su dios distorsiona la realidad a su alrededor, haciendo que los hechizos y las plegarias fracasen y se desvanezcan en el aire fétido.